Jueves, 08 Septiembre 2016 00:04

RECORD GINES MIGUEL

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Deseo decir la verdad porque me resulta más divertida que mentir acerca de lo que me pasó esa tarde de ocio ante el televisor en el que prendí al azar cualquier canal y apareció el de la U con la triste noticia de que Miguel , mi amígo de la U.había muerto hacía quince días aproximadamente y me obligué entonces a pensar que ya no lo volvería a ver pegando sus periódicios en el mural de la U todos los días o escribiendo a punta de tiza sus noticias locales, domésticas al interior de la U, o sea lo que venía haciendo durante treinta y cinco años con dolor y matizado goce sin ganancias ni remordimientos por un amor romántico sin mayores pretensiones y reconocimientos.El detalle era que no quería que tal noticia pasara a más de serlo, que no significara mas, que estaba bien que no hubiéramos conversado como amigos una última vez desde hace cinco años a lo mas,que no nos despidierámos como si el viajero fuera él, sólo él, además de una conversación insustancial que no trascenderia a nada.Pues trascendió porque tantas veces desde el bus lo espié en el umbral de la puerta de la U. colgando sus periódicos y sus consignas periodísticas,pero nunca me bajé a constatar si era él que había resucitado o simplemente se trató de una noticia falsa, porque el sujeto muerto que fungía como vivo estaba vivo y permanecía en su sitio de sostener un periódico mural hasta coronar el Record  Gines, según yo, porque creo que él no creía en eso o no intentaba el tal record, o sea cosas de la especulación mía, enteramente mía. Reflexioné entonces que tal vez se trataba de un hermano gemelo, o al menos muy parecido.La cosa fue que meses mas tarde me lo encontré en la calle Funin,en un cruce de la avenida y la carrera peatonal y me pareció imprudente preguntarle si había resucitado y él tampoco quiso excusarse en haberse muerto sin despedirse de mi que no era su amígo íntimo sino un simple condiscípulo que mantenía una conversación fragmentaria con él toda referida  a su tarea vana de prometeo de mantener una periódico de mural para los estudiantes.Nos reímos sin aprehensión, y todo lo que él me preguntaba resultada cierto conforme a un pasado de conocimiento mutuo, es decir saber mi nombre, preguntarme por profesores y condiscípulos ya muertos, o desaparecidos por la represión política o que simplemente habian abandonado la ciudad o el país.Tanto que mi pregunta del millón, de si estaba muerto o no, se borró tanto de mi memoria voluntaria como de la involuntaria.La incertidumbre sigue pues atormentándome, pero siento un horror terrible de que mi conjetura resulte cierta.

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