Jueves, 14 Julio 2016 21:40

HISTORIA DE UN CAMBUCHE DE LA URBE

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Primero la lluvia fue lenta como unas caricias frescas y después  pertinacez, capaces de destrucción.El hombre se defendía con cartones del chingleteo duro de las varillas liquidadas sobre el piso.Le quedaba, no obstante, una pierna deforme,negra por el mugre, que recibía las goteras heladas.Parecía dormir y yo no podía saber còmo lo hacía, mientras el mundo furioso del invierno, los carros y sus bocinas alarmantes y otros que no nombro, pero visibles y actuantes, se ensoñoreaban contra èl, y él apenas se defendía con un sueño de paz. Como la de un niño.

Furtivamente me acerqué para verlo dormir o constatar los efectos de la muerte.Su piel tenìa estigmas del hambre, del dolor, la angustia;pero allì tirado con la inocencia en la cara, diríase que nada de eso valía la pena, excepto aquel sueño feliz que otro gozaba.

 

No supe a qué se debió mi error y puedo apostar que nadie lo conoce:el sueño y la muerte una confusiòn. Son tan parecidos que obligan a ello. Algo me convence que el que duerme o muere, es más infeliz que el que vive. En ello la naturaleza es injusta.Comete una gran injusticia.

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