Martes, 03 Febrero 2015 09:47

Copia de Dos millones es mucho

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"Dos millones es mucho"

Fumaron entonces dos tabacos bajo el banco de un viejo Saman.El paisa para calmar el dolor de la úlcera.

-¡Hola!Saludó alguien que acababa de saltar en la carretera.

He¡ José Pipa -Saludó Marcos Precio.

El hombre vino hacia ellos con los brazos abiertos. Era alto, colorado y inflado en las mejillas y traía un carriel echado a la espalda.Sonrió con marrulla.

-Ya me parecía que no iban a aparecer... Amigo y compadre se saludaron.

Marcos Precio presentó al Paisa. Se saludaron en silencio.Pero el compadre se sonreía y mostrabase contento con el encuentro.José Pipa no cesaba de mirar al paisa que con cuidado sobaba la guitarra sentado en un barranco.

-Cansado Amigo? El paisa adivinó que era con él.

¡Dolores!-suspiró, pasando la mano por el estómago.

-Lombrices , mi señor?, preguntó decepcionado.

-No, puede ser una úlcera pasajera -sostuvo el Paisa sin mucha fe.

-Y bien... ya pensaste en el negocio, preguntó Marcos Precio mientras oía a uno, oía al otro pasando el tabaco con la punta de la lengua de un lado para el otro de la boca, como quien no quería la cosa.

El compadre José Pipa reventó un espartillo y se quedó un momento escarbándose los dientes pensando en que el Paisa bien podría ser una vaca con tapaos.

-No sé, dijo por fin, dos millones es mucho.

Falta la revision del médico, concluyó, mientras rumiaba dudas.

-Sí, dos millones es mucho y faltando la revisión del médico, quizá éste se quede con toda la plata. Uno no sabe. Observe Ud. Marcos que anda con cólicos. Marcos Precio soltó una lágrima. Su compadre José Pipa lo llamó a razonar. "Diablos no necesita llorar así" y lo tomó por el hombro y se lo llevó aparte. El Marcos Precio, triste, le respondió : "Es un tipo noble, oye bien, que es lo importante, tiene oído de tísico, fino como la liebre, basta que se le diga dos veces un verso y él nunca se olvida,lo entona ahí mismo. Pero además tiene un olfato de perro, sabe chismes de mujeres por el olfato. Además no es que tenga mucha muela, come tanto como un pajarito y para caminar es un camello. -Que sea lo que Dios quiera dijo por fin el compadre y sacó un manojo de billete del carriel. -Listo, dijo Marcos, vamos a celebrar con unos tragos.

No fue preciso ayudar al Paisa, él mismo se levantó, se terció la lira y tanteando en el aire con el bastón echó a andar.

-Ves,está bien-,Cierto que estás bien Paisa?, preguntó con convicción Marcos Precio.

 

TRAGICA LECTURA DEL QUIJOTE (relato) En abril de este año, lluvioso por cierto, me encontraba solo en mi apartamento leyendo o mejor releyendo el Quijote con el fin de sofocar una serie de pensamientos e ideas que me atormentaban como si fueran arañas reptantes por el techo. Sí, eran como bichos, como gusanos peludos producidos para generar dolor físico y psíquico. Tenía una agonía inaguantable en la que no podía discriminar si era la vida o la muerte la que la producía. En eso estaba cuando oí tres toques en la puerta .Miré por el ojo de buey y vi aun hombre en huesos bastante alto con una guadaña mohosa montado en un táparo de caballo también harto de años. La orfandad de vivir solo hizo que la abriera la puerta de par en par y le permitiera la entrada. Al saludarme se presentó como un agente de una librería recién abierta que se llamaba SANCHO PANZA y traía en el otro brazo un hermoso libro de tapas negras con filigranas en oro y cintillas relucientes que quería regalarme con la condición de que le hiciera propaganda a la librería editora. Yo acepte siempre que no me condicionara a comprar alguna otra cosa. Eso le advertí, pero el insistía en enseñarme el libro, y con algo de presión se adueñó de mi apartamento. Empecé a sospechar de sus intenciones, pero me contuve en expresárselo y me dispuse a seguirle la corriente como se dice. Pero la curiosidad me embargó y le hice la pregunta del millón:”Bueno, señor, ¿por qué me ha escogido precisamente a mí para su promoción?” El me respondió que todo se debía el azar y que mi carácter le era muy fastidioso. No dudé en recriminarle que su respuesta me hería. El se rió y me dijo que venía precisamente a matarme. Eso fue el colmo de todo. Lo expulsé inmediatamente de mi apartamento. Al oír mi actitud de amenaza, él tornó a lanzarme guadañazos a diestra y siniestra contra mi pobre humanidad. Sólo sé que ahora convalezco en una de las clínicas de mi promotora de salud teniendo como argumento de veracidad de lo ocurrido el libro con filigranas de oro, que debió caérsele al inefable caballero de hace siglos.

Ramiro Hernández Restrepo Medellin, abril 17 de 2012

 

 

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