Sábado, 31 Enero 2015 14:54

el filtro

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“Dadme una flauta y os moveré el mundo. La flauta mágica… Mozart.”

Mi gran frustración ha sido la música. Vivo en un casa finca de la calle Ayacucho, por la que pasa un canal de agua limpia. Hará unos días, al anochecer, oí un toque en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre bajo, con bombín alto, de levita y traía una valija negra en la mano.

Presumí que era un mago extranjero. En el ciclo de nuestro diálogo que no aguantaría una hora, supe que procedía de Alemania. Le arrimé una silla.

El hombre se precipitó a hablar.

-Permítame mostrarle la flauta de su sueño de hace algunos días.- dijo.

Sonreí sin creer de verdad como si fuera un sueño resignado: increíble que leyera sueños y pensamientos que no le hubieran relatado. Mas aún que los robara.

Le respondí: -Los sueños sueños son.

Al cabo de un silencio agregó: -.La obtuve por setenta libras en uno de los bazares de Omán, la tierra de Simbad. Es de hueso de ave antediluviana.

Reconocí que en el sueño, en efecto, tenía un grabado de un dragón. Sin duda había pasado por muchas manos. Su inusitada liviandad me sorprendió.

-Ha de tener sus miles de años, -confirmé sin mucha convicción.

Fue cuando el desconocido dijo: -Tómela ya, si no, no la tendrá nunca más. Había una advertencia en esa afirmación pero no en el tono.

Mientras hablábamos yo seguía recordando la flauta de mi sueño. Con falsa humildad le pregunté el precio. - millones de libras. -respondió.

Al cabo de unos pocos minutos mi avaricia había urdido matarlo.

-Puedes seguir tu camino caballero,- dije. Me dio la espalda. Caminé furtivo tras él que no pudo oír el ruido sordo del mármol en la cabeza. Ya no oyó más, bamboleó el cuerpo y luego quedó quieto en el suelo del zaguán. Arrastré el muerto hasta la canalización ahora enfurecida por los temporales de invierno. Ahí lo tiré.

Al volver a mi casa tomé la flauta y la soplé con dulce y suave armonía. Ahí fue cuando me transformé en pájaro. El hecho alarmó a mi mujer, quien acompañada de mi suegra, me encontró luego en mi alcoba. Tomaron la flauta, la soplaron y comenzaron a dar también silbos: chufui, chufui, chufuiiiii...

El inspector del barrio se dio cuenta del asunto y vino a corriendo, pero hubo de devolverse cantando cucuuuu, cucuuu…. Más tarde la policía, el notario, el alcalde, el boticario, diez niños, nueve niñas, etc. etc. El último fue el cura y su caso fue más patético: salió graznando.

La flauta quedó en mi dormitorio. Funcionarios de la Nasa, delegados del papa, científicos, periodistas extranjeros y curiosos, se mantienen a prudente distancia sin atreverse a soplar la flauta mágica. De vez en cuando algún desprevenido la sopla sin que la seguridad y control público puedan impedirlo, entonces vuela otro pájaro por el cielo de la ciudad que es hoy una inmensa jaula de pájaros.

FILTRO

estoy buscando un filtro que me saque de mis angustias y pesares y que mi memoria se pierda para no tener que volver a filtrar

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Renso

Lecturas, ensayos, cuentos y poesia

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